Después de la última tormenta tan fuerte que hubo aquí en la isla, mi coche tenía unas abolladuras bastante feas por la caída de ramas. Al principio pensé: «Bah, el seguro a todo riesgo ya se encargará de alguna manera». Pero ahí fue cuando empezó de verdad el lío burocrático. La aseguradora quería minimizar el daño de alguna forma. Por suerte, me recomendaron esta oficina. El perito vino a verme a Santa Ponsa y se tomó su tiempo, nada de un trámite rápido, sino una conversación de persona a persona. Me enseñó directamente en el coche dónde estaban los daños estructurales, que un profano como yo no ve. Sin su informe detallado, probablemente solo habría recibido una mínima parte del dinero del seguro a todo riesgo. Simplemente me alegra saber que aquí en Mallorca hay gente que sigue haciendo su trabajo con sentido común y pasión.
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